Nuevas tecnologías permiten controlar en tiempo real la temperatura, humedad y estado del silobolsa, garantizando la conservación del grano y reduciendo pérdidas en la poscosecha.

El almacenamiento de granos en silobolsa transformó la logística del agro argentino, pero su eficacia depende de un factor clave: el monitoreo constante. Según el especialista del INTA Balcarce Leandro Cardoso, es fundamental realizar un control integral a lo largo de toda la bolsa —que puede medir entre 60 y 100 metros— para detectar variaciones en la condición del grano y prevenir daños.

El sistema de control se apoya en dos pilares: verificar la integridad del plástico y observar la evolución de la mercadería. El INTA desarrolló un sistema automático que reemplaza la inspección visual, permitiendo una supervisión más precisa. Estas innovaciones incorporan sensores que miden dióxido de carbono, temperatura, humedad y movimiento, enviando la información en tiempo real para un diagnóstico remoto.

Con esta tecnología, los productores pueden anticipar fallas, evitar pérdidas y mejorar la eficiencia del almacenamiento. El monitoreo inteligente se consolida así como una herramienta estratégica para garantizar la calidad del grano, optimizar la poscosecha y mantener la competitividad del sistema agroindustrial argentino.

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