En Misiones, un equipo técnico del INTA Cerro Azul impulsa el control biológico como alternativa al uso intensivo de agroquímicos. Buscan preservar la biodiversidad y mejorar la calidad del cultivo.
El INTA Cerro Azul lleva adelante un programa de investigación que apunta a integrar insectos depredadores y parasitoides en el manejo cotidiano de los yerbales. Estos pequeños aliados cumplen un rol clave: se alimentan de plagas que afectan hojas, tallos y raíces, evitando daños en la producción sin necesidad de recurrir constantemente a productos químicos.
Según la especialista Diana Ohashi, conservar a estos insectos contribuye directamente a mantener los cultivos sanos y a reducir los costos de producción. “El control biológico mejora el rendimiento y ayuda a lograr un equilibrio natural en la chacra”, explicó.
El proyecto propone un manejo integrado que combina monitoreos frecuentes, aplicaciones químicas sólo cuando son necesarias y prácticas que favorecen la presencia de vegetación diversa. De esta manera, el cultivo se vuelve más sustentable y competitivo frente a mercados que exigen trazabilidad ambiental.






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