Un trabajo conjunto de Bunge y GDM demuestra que la incorporación de azufre y zinc, junto con una correcta reposición de fósforo, mejora los rendimientos de soja incluso en lotes de muy alto potencial.

Una red de ensayos desarrollada en diferentes zonas productivas del país analizó el impacto de la nutrición en cultivares modernos de soja. Las evaluaciones se realizaron en campos seleccionados por su elevada productividad, tanto en la Región Pampeana como en áreas del NOA, con el objetivo de medir si una estrategia nutricional más completa puede generar respuestas adicionales.

El planteo experimental comparó el manejo habitual de los productores, basado en la fertilización fosfatada, con esquemas que suman otros nutrientes clave. Entre los tratamientos evaluados se incluyeron alternativas que agregan azufre y zinc a la misma dosis de fósforo, y una propuesta de reposición más intensiva que combina fósforo, azufre y zinc de manera balanceada.

Los resultados obtenidos durante la campaña 2024/25 mostraron que la soja responde de forma positiva a estos esquemas nutricionales. En promedio, los tratamientos balanceados lograron aumentos de rendimiento más estables y significativos, con diferencias que llegaron a superar los 900 kilos por hectárea respecto de los planteos tradicionales.

Desde las empresas involucradas señalaron que la información generada permite ajustar las recomendaciones de fertilización según cada ambiente productivo. El trabajo refuerza la importancia de acompañar el avance genético del cultivo con estrategias de manejo que contemplen una nutrición integral, como condición necesaria para sostener y mejorar los niveles de rendimiento.

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