El fenómeno meteorológico tuvo un impacto dual en el territorio nacional, beneficiando a los cultivos del centro del país mientras provocaba anegamientos severos en las provincias norteñas.

El panorama climático para el agro nacional mostró dos caras totalmente opuestas durante el pasado fin de semana largo. Tuvimos una Navidad pasada por agua que representó un alivio clave en la region nucleo, donde los cultivos de soja y maíz se encontraban bajo un estrés hídrico preocupante por las altas temperaturas. Las precipitaciones permitieron que los perfiles del suelo recuperaran humedad en el momento justo del ciclo biológico de las plantas. Sin embargo, la otra cara de la moneda fue una emergencia hidrica que golpeo al norte del país, especialmente en provincias como Chaco y Salta, donde los milímetros caídos en pocas horas superaron los registros históricos. Los campos de esas regiones sufrieron anegamientos que dañaron los caminos rurales y pusieron en riesgo la estabilidad de los lotes sembrados. Los productores del norte ahora deben esperar que el agua baje para evaluar las pérdidas reales, mientras que en el centro la humedad recibida garantiza un buen rinde para los próximos meses. Esta disparidad climática vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de obras de infraestructura para el manejo del agua en las zonas más vulnerables. Las autoridades agrometeorológicas advierten que la inestabilidad podría continuar, lo que requiere un monitoreo constante de los niveles de saturación del suelo en todo el territorio productivo.

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