Investigadores argentinos detectaron respuestas moleculares compartidas que fortalecen la defensa del maíz frente a hongos clave. El conocimiento podría acelerar el desarrollo de híbridos con mayor estabilidad sanitaria y productiva.

La sanidad de la espiga es uno de los puntos más sensibles del cultivo de maíz, ya que impacta tanto en el rendimiento como en la calidad del grano. Frente a ese desafío, un trabajo científico reciente logró identificar mecanismos genéticos que se activan de manera coordinada cuando la planta enfrenta distintos patógenos, aun cuando estos presentan formas de ataque muy diferentes.

El estudio fue llevado adelante por un equipo del INTA Pergamino, que analizó cómo responde el maíz a infecciones provocadas por Fusarium verticillioides, Fusarium graminearum y Ustilago maydis. A partir del análisis comparado de grandes volúmenes de datos de expresión génica, los investigadores detectaron rutas metabólicas comunes asociadas a la defensa de la espiga, un órgano clave para el llenado y la calidad del grano.

Entre los resultados más relevantes, se observó que los materiales con mejor comportamiento sanitario logran sostener procesos fisiológicos esenciales y limitar el avance de los patógenos. En cambio, los genotipos más vulnerables muestran respuestas desordenadas que terminan afectando el crecimiento y la estabilidad de la planta, con consecuencias directas sobre la producción.

Con esta información, el equipo avanzó en la selección de cientos de genes candidatos que podrían estar involucrados en una resistencia de amplio espectro. Estos hallazgos aportan una base sólida para optimizar los programas de mejoramiento, ya sea mediante selección asistida por marcadores o nuevas herramientas biotecnológicas, y apuntan a la obtención de híbridos de maíz mejor preparados para enfrentar un escenario sanitario cada vez más complejo.

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