Aunque las precipitaciones permitieron recuperar la humedad del suelo en la zona núcleo, el volumen de agua caído en las provincias norteñas generó anegamientos en campos y caminos rurales.
El panorama meteorológico para el sector rural argentino ha mostrado dos caras muy distintas durante la última semana de actividad. Por un lado, se produjeron lluvias fundamentales para el campo en las regiones de Santa Fe y Córdoba, permitiendo que los cultivos de soja y maíz superen el estrés térmico ocasionado por la ola de calor. Sin embargo, este frente de mal tiempo se desplazó con gran intensidad hacia las provincias del norte, donde provocaron excesos de agua preocupantes para la producción regional. Localidades de Chaco y Formosa reportaron milímetros caídos que superan los promedios mensuales, dificultando el tránsito de maquinaria y las tareas de siembra pendientes. Los especialistas del agro advierten que, si el agua no escurre rápidamente, podría verse comprometida la sanidad de los cultivos debido a la proliferación de hongos. Los productores locales están monitoreando los canales de drenaje para evitar inundaciones mayores en los lotes bajos. A pesar de estos inconvenientes logísticos, el balance general es positivo para la campaña nacional, ya que se alejó definitivamente el fantasma de la sequía extrema. La logística portuaria también se ha visto ralentizada por el estado de los caminos secundarios que conectan los campos con las terminales de carga.





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