La abomasitis bovina provoca elevados índices de mortalidad en animales jóvenes, pero suele pasar inadvertida en las primeras etapas de crianza, lo que dificulta su detección y tratamiento oportuno.

En los sistemas intensivos de cría bovina, las alteraciones fisiológicas pueden impactar de manera directa en la eficiencia productiva. En ese contexto, la abomasitis representa una de las afecciones de mayor gravedad y menor nivel de diagnóstico.

La enfermedad afecta principalmente a terneros lactantes alimentados con leche o sustitutos lácteos, en quienes puede presentarse como un cuadro agudo de rápida evolución. Está asociada a elevadas tasas de mortalidad neonatal, retraso en el desarrollo ruminal y pérdidas económicas indirectas.

En bovinos adultos, particularmente en vacas lecheras, pueden registrarse alteraciones del abomaso como ulceraciones, atonía o desplazamientos vinculados a desequilibrios digestivos posparto y al síndrome de la vaca fresca, aunque los casos de abomasitis aguda en esta etapa son poco frecuentes.

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