La escasez de agua en los campos del norte provincial puso en jaque la producción de granos gruesos, obligando a replantear las estrategias de cosecha para este año.

El panorama agrícola en el corazón productivo de la provincia de Buenos Aires es desalentador debido a un frente seco que no da tregua desde hace semanas. «Nos duele el cuello de mirar para arriba», manifestaron los agricultores con desesperanza, siendo esta una frase que describe perfectamente cómo la sequia castiga al norte bonaerense en una etapa crítica para el maíz y la soja. Las plantas muestran signos evidentes de estrés térmico, con hojas marchitas y un crecimiento que se ha detenido por completo ante la falta de humedad en el perfil del suelo. Los peritos agrónomos advierten que, de no producirse lluvias importantes en los próximos siete días, las pérdidas de rendimiento podrían alcanzar niveles históricos para la región. Muchos establecimientos rurales han comenzado a realizar picado de cultivos para forraje ante la imposibilidad de llegar a una cosecha de grano rentable. La situación afecta no solo al productor directo sino a toda la cadena de servicios, desde transportistas hasta proveedores de insumos del interior. Los radares meteorológicos muestran nubosidad frecuente, pero las precipitaciones terminan siendo chaparrones aislados que no alcanzan a aliviar la sed de la tierra. Existe un pedido formal de declarar la emergencia agropecuaria en varios departamentos para facilitar el acceso a créditos y beneficios impositivos. La comunidad rural se mantiene en alerta máxima, observando con preocupación cómo el sol agobiante acelera el deterioro de un ciclo que comenzó con expectativas muy diferentes.

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