Con las reservas de agua al mínimo, los productores advierten que el rendimiento de la oleaginosa dependerá exclusivamente de las precipitaciones que se registren en las próximas semanas.
La situación productiva en gran parte de la zona núcleo nacional se encuentra en un estado de alerta máxima debido a la escasez de humedad en los perfiles del suelo. Bajo la consigna de lluvias al limite, los técnicos agrónomos coinciden en que la soja de segunda se juega su suerte en marzo, ya que se encuentra en plena etapa de definición de rinde. Si el agua no llega en las cantidades necesarias durante el primer tercio del mes, las pérdidas podrían ser masivas e irreversibles para los lotes de siembra tardía. Muchos productores ya reportan aborto de flores y un crecimiento detenido en las plantas, lo que reduce drásticamente el potencial de cosecha. El calor extremo de finales de febrero terminó de agotar las escasas reservas hídricas, dejando a los cultivos en una situación de vulnerabilidad extrema frente al estrés hídrico. Las bolsas de cereales mantienen sus proyecciones con cautela, aguardando los reportes de campo que se emitan tras el próximo frente de inestabilidad anunciado. La rentabilidad de muchos establecimientos familiares depende del éxito de esta campaña, dado que los costos de producción se han incrementado considerablemente. Se recomienda a los colonos realizar un monitoreo constante de plagas, que suelen atacar con más fuerza a los cultivos debilitados por la sequía. La esperanza del sector agropecuario está puesta en que las tormentas pronosticadas se distribuyan de forma uniforme y no sean solo fenómenos aislados. El impacto de una mala cosecha de segunda tendría repercusiones directas en la entrada de divisas para el país y en la economía de las localidades del interior.





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