Precipitaciones de intensidad variable sobre las zonas productoras de Buenos Aires y Santa Fe dificultan el ingreso de maquinaria a los lotes, afectando el ritmo de recolección de granos gruesos.

El clima sigue siendo el factor que dicta el ritmo de las actividades rurales en la Argentina, y las últimas tormentas han traído más complicaciones que alivio para los productores. Se reportó que lluvias desparejas complican la cosecha y abren interrogantes en la region nucleo, debido a que el exceso de humedad en el suelo impide que las cosechadoras puedan transitar sin encajarse. Mientras que en algunas localidades los milímetros fueron bienvenidos para los cultivos de siembra tardía, en los cuadros que ya estaban listos para la trilla se teme por la pérdida de calidad del grano de soja y maíz. Los ingenieros agrónomos recomiendan monitorear el estado de las plantas para detectar la posible aparición de hongos derivados del ambiente húmedo y caluroso. Esta situación genera un cuello de botella logístico, ya que el transporte de carga se ve afectado por el mal estado de los caminos rurales secundarios que aún permanecen anegados. Las bolsas de cereales han advertido que, si la inestabilidad persiste durante la próxima semana, las proyecciones de rinde final podrían sufrir ajustes a la baja en los departamentos más comprometidos. Los productores permanecen atentos a los radares meteorológicos buscando ventanas de buen tiempo que permitan retomar las labores de forma intensiva. El retraso en la cosecha también impacta en el flujo de divisas para el país, en un momento donde el ingreso de granos a los puertos es vital para la economía nacional. Se espera que un frente de aire seco permita otear el panorama en las próximas 48 horas, facilitando el drenaje de los lotes bajos. La variabilidad climática ha sido la tónica de esta campaña, poniendo a prueba la capacidad de respuesta y resiliencia de todo el sector agroindustrial.

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